Jorge y Jennifer, una historia de paz, amor y mucho arte

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El arte, el amor, la reconciliación y la paz se viven a flor de piel en cada espacio donde habita un fariano o fariana, tal cual como sucede en el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación, lugar que alberga (entre muchos exguerrilleras y exguerrilleros) a  Jorge, un exguerrillero, ex prisionero político, artista, con capacidades diversas y Jennifer,  mujer de la comunidad urbana que han unido sus vida para caminar juntos por la senda del buen vivir.

Él, un exguerrillero de las FARC-EP, exprisionero político durante más de 15 años, que perdió las manos y la vista izquierda en una acción humanitaria cuando desactivaba un artefacto explosivo y un artista que plasma sobre el lienzo la búsqueda de un mejor futuro para nuestro país. Ella, una joven mujer que nunca tuvo contacto con la insurgencia, trabajadora en contaduría, serena en su voz y con una sonrisa, son una pareja inusual, de esas que pocas veces se han visto en la historia de Colombia pero que cada vez surgen más y más: es el amor de las gentes del común, que en cada acción buscan la felicidad y el bienestar común de las grandes mayorías.

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En medio de las circunstancias de la guerra -que cubrió la vasta geografía nacional y dejo miles y miles de muertos y desplazados- Jorge desactivaba un artefacto explosivo como acción humanitaria: sabía que si no lo hacía, alguna vida persona podría caer en ella. Lo que no esperaba era lo sucedido; el aparato exploto causándole la perdida de sus dos manos, la visión del ojo izquierdo, esquirlas en todo su cuerpo y quemaduras de tercer grado. Sumado a ello fue capturado para ser recluido en una de las tantas prisiones colombianas, esas que no brindan ningún tipo de garantías de resocialización para presos sociales y que son un completo estado de excepción para quienes por rebelarse contra el régimen, caen tras las rejas.

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Pero ni la guerra misma, ni la prisión o la pérdida de sus manos fueron motivo alguno para no continuar con sus anhelados sueños: plasmar en el lienzo la justicia social, el bienestar  y el empuje de hombres y mujeres del común que viven en cada territorio alejado de las urbes. Jorge es un ejemplo claro de superación, amistad sincera y coraje a la hora de defender su pensamiento: “en la cárcel uno se debe hacer fuerte sobre todo porque el ideal por el que uno lucha es justo y más humano. Por ello durante el tiempo como prisionero conserve la moral en alto, mirando hacia el futuro y formándome en el arte sin ponerme ningún limitante: los limites te los da la mente”, manifiesta con total endereza un hombre que ha vivido en su ser, situaciones inimaginables.

Su última obra así lo demuestra. Un caballo plasmado en lienzo, regalo para Pablo Catatumbo, miembro del Consejo Político Nacional del partido FARC y quien le ha ayudado en cada situación difícil que pasa: “es un regalo para él porque siempre ha estado muy preocupado por cada exguerrillero o exguerrillera y a mí me ha apoyado mucho, él es una persona muy humana, muy asequible. Cuando llegue aquí no habían los medios ni el material para la pintura, yo le comente a él y el me apoyo para comprar las pinturas. El regalo es un cuadro de un caballo porque simboliza la fuerza vital y en muchas culturas representa los cuatro elementos que son tierra, aire, fuego y agua. Es un regalo en agradecimiento que nos brinda”

 

Sin embargo, no es Jorge solo y como popularmente se dice, al lado de un gran hombre hay una gran mujer, y ella es Jennifer, una joven de tan solo 25 años, bachiller, que trabajo en la ciudad de Cali en contaduría, con una mirada tranquila y serena. Ella, que a pesar de tener oportunidades que comúnmente no se tienen en el campo colombiano y a pesar de las críticas que tuvo por parte de quienes la rodean, decidió entablar una relación sentimental con el exguerrillero,. Ahora viven en el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación Carlos Patiño –municipio de Buenos Aires-, lugar donde se encuentran parte de los exguerrilleros y exguerrilleras, comunidad en general, empleados de las instituciones estatales y nuevos miembros del naciente partido FARC. Todas y todos bregando por un objetivo en común, la implementación en esencia de los acuerdos en el tema de reincorporación de los antes rebelados en armas contra el Estado: “más de 11.000 mil personas luchando por un objetivo en común, que actúan como una gran familia, que la comunidad los reconoce, que respetan la comunidad, de segura no están errados, que sus propósitos son nobles y bondadosos: las FARC son una familia que te recibe con los brazos abiertos”, expresa Jenny mientras conserva la calma a la hora de hablar de quienes buscan un cambio en favor del pueblo colombiano

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Llevan dos años juntos luego de haberse conocido por las redes sociales y como una historia del amor verdadero, ese que florece en los campos entre quienes a pesar de no tener condiciones materiales dignas, hace del día a día un escenario más por la dignidad de ellos, sus familias y el pueblo en general: “el amor que nos tenemos hace que nos ayudemos mutuamente, el apoyo entre nosotros es incondicional, claro que Jorge en la situación que tiene requiere de unas ayudas específicas que yo puedo dárselas: en algunas ocasiones le ayudo a escribir, aunque él lo puede hacer. Lo que verdaderamente hacemos es que nos damos fuerza para que ninguno desfallezca en sus propósitos o metas que nos hemos puesto”.

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En medio de las dificultades que afronta la reincorporación de las y los exguerrilleros, esta pareja única espera pasar una navidad en familia con los demás miembros, pero desafortunadamente no será está, ya que el copamiento paramilitar en zonas del país no les permite visitarlos aún. Como le sucede a Jorge, que siendo la primera navidad que está libre luego de haber salido de la cárcel, deberá esperar para ver a sus seres queridos.

Ahora, entre sus proyectos de vida familiar tienen como objetivo trabajar la agricultura, tener su vivienda propia y seguir cultivando la semilla de la paz, esa tan necesaria en los campos colombianos, una paz con carreteras, tierra para el campesino, salud y vivienda rural, salario digno para los trabajadores, y en síntesis, vida digna para hombres y mujeres del campo y la ciudad, ese buen vivir que los acuerdos de La Habana tienen en su letra y que hace tanta falta materializar.

Por: Agencia de Comunicaciones Prensa Alternativa Cauca

15 de diciembre de 2017

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