Masacre de Tumaco: Indignación nacional y movilización social para que nunca más vuelva a suceder.

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Mientras campesinos y campesinas defienden la vida, el Estado colombiano acaba con ella. Lo acontecido el 5 de octubre es una muestra clara de ello: alrededor de mil labriegos se congregaron pacíficamente para cercar los cultivos de uso ilícito exigiendo la sustitución voluntaria y concertada, tal como se firmó en los acuerdos de La Habana y no permitir la erradicación forzada que viene adelantando el gobierno. Ante ello, recibieron del establecimiento, la violencia, la desproporción de la fuerza, gases y bala, asesinando a 9 campesinos y dejando heridos más de 50.

Este gravísimo acontecimiento que hoy enluta al pueblo colombiano es la gota que reboso la copa en el tema de sustitución vs erradicación, pues el campesinado ha sido el actor que desde siempre ha buscado que los cultivos de uso ilícito se acaben, siempre y cuando los y las cultivadores puedan tener condiciones materiales palpables para poder sacar la mata de coca de la tierra y poder echar a florecer una de café, plátano o yuca y que puedan ser llevadas para la venta en campos y ciudades. Mientras tanto, es el Estado colombiano que se opone a esto y no ha dudado en militarizar las zonas rurales con el afán de erradicar las matas, dejando a la deriva a quienes, al no tener otra opción de vida, deben cultivarla para sacar los pocos pesos que les da una arroba de hoja de coca. Es esta última política la que ha primado y la que ha provocado la embestida de la fuerza pública contra las comunidades, comunidades que debieran proteger.

Es claro, nuestros campesinos han sido masacrados, no los únicos en esta larga lucha por la sustitución voluntaria, pero el pueblo clama a gritos que sean los últimos. Hoy las familias los lloran, la Colombia profunda está de luto y hombres y mujeres del común gritan que se haga justicia. La impunidad en este doloroso caso no puede ser la que termine imperando por encima de la verdad.

Hoy la indignación nacional debe crecer y generar ríos de gentes en las calles de las zonas rurales y urbanas. Nuestros espacios familiares y de trabajo deben ser pequeños lugares que llamen y sumen más esfuerzos para exigir al Estado en cabeza del gobierno que pare de una vez por todas, la violencia sistemática contra los pobres. Hoy, el pueblo sangra, se siente adoloridos, con rabia e indignación y esos sentimientos se debe reflejar en la movilización social para que esto se corte de raíz. Hoy, a días de conmemorar un año de más del saqueo de riquezas y de vidas al que hemos estado sometido, es momento de motivar, invitar y salir decididamente a la marcha por la vida, a demostrar con fuerza y grandeza que seguimos en pie, bregando porque la paz con justicia social pueda ser una realidad en campos y ciudades.

Por: Agencia de Comunicaciones Prensa Alternativa Cauca (ACPA Cauca)

7 de octubre de 2017

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