Nuestro reto; Pedagogías para la paz y la implementación

Salir de la guerra no es nada fácil, más cuando hemos vivido en ella durante décadas: siendo educados para ella, construyendo una cultura para ella, pero sobre todo, cuando los medios masivos de comunicación han llamado a destilar odio, ubicando a la insurgencia como el enemigo de la sociedad.

Sin embargo, los acuerdos de La Habana demostraron que la guerrilla no son más que pueblo, que en armas, llevaron a sentar al gobierno en una negociación que permitió acabar con el conflicto más largo de Latinoamérica y tener la posibilidad de generar condiciones de vida digna para cada colombiano, eso sí, si los acuerdos se implementan, pues ellos tienen consignados lo que comunidades han exigido por décadas.

Son estos acuerdos la carta que puede dar la tierra, la esperanza y el buen vivir. Su materialización es la puerta para la paz con justicia social, que traducido en los territorios, son la oportunidad de darle tierra al campesino, negro e indígena, de acceso a vías, educación, salud, canales de riego, construir democracia, participar, decidir sobre las decisiones, brindar garantías de justicia, reparación y no repetición a las víctimas de un extenso conflicto originado por el sistemático modelo de despojo de una oligarquía mezquina.

Pero también tienen impregnado algo fundamental que necesita nuestra sociedad; la posibilidad de construir una nueva cultura que permita aportar a la tan anhelada reconciliación, que logre cambiar esa cultura mafiosa y traqueta que día a día, generan las telenovelas de los grandes medios.

El reto no es fácil. La implementación de los acuerdos necesita de la decidida movilización social y política, en campos y ciudades. Y para que la movilización sea sólida, necesitamos que el pueblo se sienta representado en ellos. Por ello las pedagogías de paz, dar a conocer la esencia de los plasmado en La Habana, de llegar a cada rincón de barrios y veredas, de desmentir la propaganda sucia de la ultraderecha, es una tarea que debe desplegar toda nuestra energía para contribuir a la disputa por la implementación.

Por: Benjamín Muñoz

4 de julio de 2017

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