Fútbol e hinchadas para la paz

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Por: Eduardo Gómez

8 de junio de 2017

Hoy vuelven a disputar en el campo de juego el América de Cali y el Deportivo Cali, dos grandes del futbol colombiano que aspiran llegar de nuevo a una gran final. Pero también, las hinchadas, fiel reflejo de una sociedad ajustada a un modelo económico violento y despojador, se pueden enfrentar por fuera del campo de juego.

Mientras los empresarios ven en el fútbol un negocio más que incremente sus ganancias y buscan arrebatar lo de todos para sus manos privadas, las hinchadas sueñan con la pasión de una victoria, de gritar el gol de su equipo amado y sentir la alegría de celebrar un nuevo título.

Sin embargo, en nuestra sociedad actual, manejada por una élite que nos ha arrebatado hasta la camiseta, miles de hinchas se desdibujan en la delgada línea del fanatismo futbolístico, que sin posibilidades de educación y de otros derechos sociales y económicos, convierten el estadio y el barrio en un franco enfrentamiento con una persona igual a ellos, pero con la única diferencia de tener otra camiseta: porque desafortunadamente quienes se desafían por un trapo, son personas de la clase social pobre que han vivido y crecido en los barrios populares, desprovista de derechos, explotada y flagelada por un puñado de ricos que ven en nosotros una fuente más de su acumulación económica.

Como ya lo describa el maestro Eduardo Galeano (QEPD) “el fanático llega al estadio envuelto en la bandera del club, la cara pintada con los colores de la adorada camiseta, erizado de objetos estridentes y contundentes, y ya por el camino viene armando mucho ruido y mucho lío. Nunca viene solo. Metido en la barra brava, peligroso ciempiés, el humillado se hace humillante y da miedo al miedoso”. Ese fanático que hoy tendrá puesta la camiseta del América y del Cali, solo que esta vez, sin estadio donde juntarse y con todo Cali para enfrentarse.

Esta etapa que vive Colombia necesita de ellos, no como fanáticos pero si como hinchas, hinchas que griten a viva voz la construcción de la paz, que revivan el fútbol como un deporte y no un negocio, que reflejen las capacidades y talentos de cada jugador.

Necesitamos de los estadios, de la hinchada y jugadores para construir este sueño común de la paz con justicia social,  en conjunto y mirando hacia el horizonte podremos cambiar el papel del fútbol en la construcción de país.

Esta nueva historia que empieza a escribirse necesita de esos jugadores que claman por la paz, que visitan las zonas veredales para compartir sus sueños con guerrilleros y comunidades,  intercambiar propuestas y regalar alegrías a las hinchadas que ven en las gambetas las variantes de un nuevo territorio.

Hoy se enfrentan el América de Cali y el Deportivo Cali,  dos grandes que jugarán a puerta cerrada, los jugadores se ven condenados a escuchar sólo los gritos de técnicos y compañeros, no sentirán el vibrar de las gradas de la popular, no podrán ver las bengalas en el cielo ni ondear las banderas en las manos de los hinchas, hoy no se escucharán los cantos de la hinchada, lamentablemente  hoy entenderán aquellas palabras escritas por el maestro Galeano: “Jugar sin hinchada es como bailar sin música”.

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