“Lo más importante que he hecho en vida es ser guerrillero”: relato de vida guerrillera

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Por: Agencia de Comunicaciones Prensa Alternativa Cauca (ACPA Cauca)
31 de mayo de 2017

“Desde niño sabía que iba a ser guerrillero”. Con esta contundente frase, Antonio Ospina miembro de las FARC-EP, comenzó a relatar su vida en una entrevista realizada en la Zona Veredal de Transición y Normalización -ZVTN- de Caldono Cauca, en medio del aniversario 53, el último en armas de la insurgencia más antigua de Latinoamérica.

Nacido en Antioquia y criado en Medellín, hoy se encuentra en la ZVTN Carlos Perdomo, junto a 437 combatientes más, que se preparan para la reincorporación a la vida civil. Pertenece a la Columna Móvil Jacobo Arenas, una de las estructuras más fuertes en el combate guerrillero. Ospina, considera que ha venido aportando en la construcción de esta oportunidad histórica, viendo el acuerdo de Paz, como el “producto de la lucha popular y la resistencia fariana, que gracias a ello, llevó a sentar a la contraparte”.

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Ingresó a las filas de las FARC en Medellín, el 25 de febrero de 2004, cuando tenía tan solo 16 años. Comenzó en el frente Urbano Jacobo Arenas, coincidenciamente el mismo nombre que lleva la columna móvil a la que hace parte y que fue fundada en 1994. Ospina dice que al dejar su familia, la vida de guerrillero es “lo más importante que he hecho en mi vida”; pues buscó en las filas farianas, la posibilidad de hacer parte de esta historia reciente del país.

Estudiando física en la universidad de Antioquia, sabía que esta organización guerrillera estaba presente y que era ahí donde iba a hacer realidad su propósito: “no tuve que pedir ingreso, ellos me buscaron… durante el año que estuve en la universidad, militaba en las FARC”.

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Este joven que hoy tiene 28 años ha forjado el acero en medio del combate y ha visto como la guerra ha cobrado la vida de compañeros y amigos. La vida de” Caliche”, el comandante que dirigió la columna movil Jacobo Arenas, fue una de ellas. Para Antonio, este guerrillero “fue de los hombres más impresionantes que he conocido en mi vida, de unas cualidades humanas únicas”. Otra situación similar, fue la de ver morir a “un amigo muy cercano. En un ataque de una patrulla militar, uno de los últimos muertos que hubo en combate. Le cayó y detonó una granada muy cerca, yo lo recogí, vivo aun pero destrozado”.

Sin embargo, a pesar de estas historias que recuerda con una inmensa tristeza, sigue firme con su convicción política por la solución política y negociada al conflicto; por luchar por los derechos del pueblo trabajador y explotado; por democracia y tierra para el campesino. Por eso ha asumido este momento único, bajo la solidaridad y compañerismo de sus camaradas farianos, pues considera una de las “mayor alegrías que he sentido en las FARC”.

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Este convencido e incasable revolucionario ve con esperanza el momento político por el que pasa Colombia, sabiendo que el pueblo es quien debe llevar las riendas del país: “queremos llegar a un público que por la dinámica de la guerra no pudimos relacionarnos con la población que nos ha visto solo por las pantallas de un televisor. Es con ellos con quienes queremos intercambiar propuestas, intercambiar sueños y luchar juntos por vida digna, por la paz”

La historia de vida de este joven guerrillero es la vida de una Colombia que se debate entre la esperanza, entre los infortunios de un conflicto originado por un modelo mezquino que cerró las puertas para el buen vivir y que hoy tiene la posibilidad de abrirse para cambiar esta historia y construir un nuevo relato, que sin armas en la política, se escriba a pura tinta de dignidad.

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A consecuencia de este proceso de paz, miles de vidas, de guerrilleros, militares y población civil se han salvado. Un hecho sin precedentes en la historia del país, que hoy abre paso a un futuro promisorio, claro está, si el acuerdo de paz se implementa a cabalidad. Pues este proceso se lleva a cabo en medio de tropiezos, de una oligarquía mezquina que busca acabar con la posibilidad de un mejor futuro para quienes están y vienen en camino. Una de las preocupaciones que rondan es el accionar del paramilitarismo, del copamiento de los territorios donde tenían presencia: “nosotros hemos dicho que si no se supera este fenómeno, difícilmente el acuerdo se va a poder implementar”. Estas estructuras armadas de ultraderecha continúan intimidando y asesinando a defensores de derechos humanos, sin que el establecimiento reconozca su existencia, poniendo en riesgo a las organizaciones sociales y populares que tienen trabajo en las zonas rurales, aquellas donde el Estado solo ha llegado con el pie de fuerza.

Hoy, cuando el clamor de la Paz comienza a crecer gracias al acuerdo de La Habana, afloran cientos de las historias de vida escondidas entre las montañas de la geografía colombiana y tergiversadas por los medios masivos de comunicación. Comienzan a contarse solas, a salir a la luz pública, a construir junto a comunidades urbanas y rurales, los sueños de paz con justicia social.

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