Necesitamos defender lo público

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Por: Benjamín Muñoz
22 de febrero de 2017

Nos han acostumbrado que lo público es lo malo, lo que no sirve, lo ineficaz y demorado; y lo que siempre nos han querido ocultar, es que el neoliberalismo, esa economía de mercado privatizadora, ha golpeado y acabado gran parte de la esfera pública para justificar la mercantilización de nuestros derechos.

Vivimos en un territorio donde todo tiene precio, hasta la justicia. Quien tiene dinero paga su salud, educación, sus derechos, su libertad. Quien no, debe sobrevivir en medio de una impunidad reinante: ricos manipulando sus propias leyes y pobres en las cárceles por tomar un caldo knorr porque no tenían para comer. Ese es el país donde crecimos.

Es el país donde miles de personas mueren en las largas filas de los hospitales esperando atención médica, mientras los gurúes de la administración y las finanzas buscan las maneras de desviar de manera “legal” los recursos de las instituciones públicas a los centros privados, esos que son de ellos y que solo atienden a quien tenga el recurso económico necesario o un buen palancazo. Es el país donde millones de personas están condenadas al analfabetismo, mientras las clases pudientes se educan en universidades del extranjero para luego imponernos la receta mercantil.

Para que esto no siga sucediendo, es momento de reflexionar, criticar y proponer salidas a esta gran red que ha construido el neoliberalismo y que solo le sirve a los dueños del país, a una oligarquía enriquecida a costa del trabajo de millones de ciudadanos.

Debemos defender la red pública, nuestros impuestos. Comenzar a salir de un largo conflicto armado debe significar el reencauzamiento de la económica hacia las instituciones públicas, esas que usamos la gran mayoría de personas para poder garantizar nuestros derechos económicos y sociales.

Esta histórica etapa del país debe permitirnos cambiar el sentido común de lo público, confiar en ello; eso sí, velando por el buen funcionamiento y exigiendo una inyección presupuestal acorde a las necesidades de todos y cada uno de nosotros. Que las instituciones lleguen a las zonas más alejadas con escuelas, puestos de salud, hospitales, empleos estatales, que nos brinden una vejez digna.

El reto nuestro por ser parte de esta generación de oro, está en defender los acuerdos, su implementación y construir la paz con justicia social, esa justicia social traducida en el buen vivir, en tierra para el campesino, educación para el joven, trabajo digno para la señora, salud para todos y todas y una vejez tranquila, con garantías económicas, sociales, culturales y espirituales.

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