Nuestros prejuicios con Venezuela

mov17dic

Por: Alexandra Cepeda
20 de diciembre de 2016

Con la participación legal de las FARC-EP en la política nacional, el Establecimiento colombiano, asustado, intensifica su campaña de estigmatización contra todo lo que sea ‘bolivariano’ (por ejemplo, se viene la serie televisiva El Comandante). Desde que Chávez declaró como socialista y bolivariano al proceso venezolano, aquí se encargaron sistemáticamente de ocultar sus aciertos y exagerar sus errores, para mostrar a la población que el orden neoliberal y oligarca es preferible y más ‘civilizado’ que la ‘barbarie’ roja; pura hipocresía, manipulación y fascismo.

Al tiempo que se da este nuevo escenario en Colombia, en Venezuela continúa la guerra económica contra el Proceso, que no es otra cosa que una guerra directa contra el pueblo que eligió construir una alternativa más justa y soberana; basta fijarse quiénes sufren las consecuencias de la misma para identificarlo. La situación actual venezolana, más leve que la que le muestran Caracol y RCN (entre otros tantos medios masivos), se ha generado por diversos factores y no por la ineficiencia y corrupción del gobierno, como han querido mostrar (¿quién es el establecimiento colombiano para dar cátedras morales contra la ineficiencia y la corrupción?). Debemos entender la realidad en toda su complejidad; para este análisis, le recomendamos el artículo “Tiempos de fuego sobre Venezuela” [1].

Las economías de nuestros países, desde el principio de nuestra historia común, han estado estrechamente vinculadas. Entonces, ante la existencia de un Estado neoliberal de un lado y socialista del otro, las contradicciones lógicamente se agudizan: los departamentos fronterizos colombianos se aprovechan mafiosamente de las bondades económicas de Venezuela (precios bajos en alimentos, gasolina y todo tipo de productos básicos), desangrando su progreso hasta puntos que realmente no imagina, liberando al Estado colombiano de tener que ocuparse de esa región del país y brindándole, a la vez, cuantiosas ganancias. Claro, este nunca lo va a reconocer, necesita que el proyecto bolivariano no sea viable, para legitimar y consolidar su modelo neoliberal a los ojos del pueblo que, por suerte, no come vidrio.

Toda rivalidad que creamos tener con las y los venezolanos, debemos ser concientes de quién y por qué la generaron. Basta leer un poco la historia de la independencia para entenderlo: las oligarquías coloniales no querían saber nada con la integración y el proyecto de justicia social e igualdad que expresaba la Gran Colombia; no estaban dispuestas a ceder ni compartir nada de lo que habían obtenido por años de lamerles las botas a los españoles y por el solo hecho de ser blancos, hijos de europeos. Las distintas nacionalidades y etnias del pueblo, gracias a las ambiciosas campañas lideradas por Simón Bolívar, se reconocieron desde el principio como hermanas, iguales por su misma historia, cultura y creencias, hijas de la misma tierra americana.
De allí en más, el Establecimiento se dedicó a socavar esa unidad a partir de la construcción de imaginarios colectivos que buscaron corromper la dignidad del pueblo venezolano (y nuestras cabezas): que los venezolanos son perezosos y no les gusta trabajar, que no tienen cultura, que son ignorantes y por eso se tragan ‘el sapo del socialismo’, que son socialistas porque les pagan, que son idiotas por soportar la situación económica sin rebelarse, que hacen colas por cualquier pendejada… y una buena parte de las y los colombianos, que le cree más a la televisión que a su propia madre y carece de herramientas para leer la realidad críticamente, se tragó el sapo de la mentira y la manipulación.

Que Chávez estaba loco, que era un dictador; que Maduro es un burro, un loco, un ignorante; que en Venezuela la gente pasa hambre, que es culpa del gobierno, que se roban la plata, se dedican al narcotráfico y apoyan el terrorismo; que no hay salud, no hay educación, que no se puede vivir; que el ‘régimen’ reprime, mata y encarcela a los ‘defensores de la libertad’ (así estos sean responsables directos de decenas de muertos).

Con tremendo sapo debemos preguntarnos, ¿quiénes son los ignorantes? ¿Sabrá esa mayoría de colombianas y colombianos que el Proceso Bolivariano erradicó el analfabetismo? Hasta donde sabemos, Colombia es uno de los países con más analfabetismo del continente; ¿Sabrá que hay un módulo de atención primaria gratuita en cada barrio de cada pueblo y ciudad, que se involucra en la vida de la comunidad y practica efectivamente la prevención y promoción de la salud? Colombia tiene uno de los peores sistemas de salud del continente, donde las y los pobres se mueren en la puerta de los hospitales esperando que una empresa privada les selle un papel; ¿sabrá que en Venezuela no se padece hambre, muchísimo menos en menores de edad? Aquí se nos mueren niñas y niños todos los días y del Estado, ni noticia; ¿sabrá que casi no existe indigencia, que tiene uno de los programas de viviendas sociales más incluyente y masificado del mundo, que se practica la agricultura urbana, que la gran mayoría de la población participa activamente en las políticas públicas, en la organización de su comunidad, que no le falta trabajo a nadie? Basta algo de pensamiento crítico para ver más allá de las mentiras y la manipulación del mismo Establecimiento que quiso dividir al país al sabotear el proceso de paz y prolongar eternamente su guerra de dominación sobre las y los pobres de Colombia.

Si usted conoce algún o alguna venezolana, podrá constatar la falsedad de muchos de estos prejuicios (también hay manipulación y mentiras en Venezuela, el pensamiento crítico allí tampoco está garantizado). Al romper con estos, podrá reconocer cómo naturalmente nos podemos complementar, enlazarnos en amistades sólidas, puras, practicar la solidaridad genuina del colaborarle al otro con lo que le falta, aprendiendo del intercambio. Hay mucho que aprender de Venezuela, que tiene mucho que aprender de Colombia. Allí se está sacando adelante contra todas las dificultades del mundo un proyecto de sociedad distinto, humanista, igualitario, justo, participativo, con todos los errores que se pueden cometer en la medida en que está hecho por personas, no robots. Aquí estamos resistiendo desde la misma fundación del país la opresión de la oligarquía, la explotación laboral, la pobreza extrema, la exclusión, la represión estatal y paraestatal, los paradigmas de vida ultraconservadores; es una resistencia ejemplar, desde la organización popular y la constancia firme, propia del mismo Libertador.

Imagínese si profundizáramos en ese intercambio con las y los hermanos venezolanos, si reflexionáramos juntas y juntos las realidades de nuestros territorios, si nos complementáramos concretamente en el trabajo y la organización. El Establecimiento se mearía encima y el pueblo grancolombiano, al fin, gobernaría su propio destino.

“A mi me daría dolor, que nos matemos, mi hermano / Ven amigo colombiano, vamos juntos a luchar / Nuestros lazos de amistad, por siempre perdurarán / Somos hijos de la patria que nos dejó el Libertador / Y a defender con amor, su herencia nos llama.” La Guerra del Petróleo, de Alí Primera, el cantor del pueblo venezolano.

 

[1] https://hastaelnocau.wordpress.com/2016/05/05/tiempos-de-fuego-sobre-venezuela/

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