Lo que se nos viene en el Cauca

Por: Gustavo Fernández
19 de octubre de 2016

Ratificado por las estadísticas como uno de los departamentos más pobres de Colombia donde las locomotoras imperialistas avanzan contra la naturaleza y las poblaciones, donde hacen presencia todos los actores armados del conflicto que tanto dolor, el Cauca fue históricamente y está llamado a ser para lo que se viene, una referencia de organización, resistencia y luchas populares por la defensa de nuestros territorios y nuestros derechos fundamentales: el acceso a la tierra, condiciones dignas de vida, medio ambiente saludable, educación y salud gratuitas y de calidad y ¡el derecho a la vida! (entre otros tantos).

Aquí, donde todos los municipios votamos a favor de la Paz, donde tanto necesitamos el fin del conflicto y el comienzo de una nueva etapa de desarrollo que alcance la tan anhelada justicia social que merecemos, es donde las contradicciones propias del capitalismo más continuarán mostrando sus miserias y donde más debemos enfocarnos en superar nuestras propias limitaciones, crecer colectivamente y consolidar nuestros procesos, sorteando el constante obstáculo de que significa el coyunturalismo.

En estos días, en el Congreso (ese edificio en Bogotá donde unos pocos burgueses y oligarcas deciden nuestros destinos, siempre para perjudicarnos), se está aprobando la nueva reforma tributaria. En esa decisión sí nos tienen en cuenta: quieren que a partir de nuestros escasos ingresos, mediante el pago de impuestos cada vez mayores, sostengamos la corrupción y el desmanejo de la economía nacional.

¿No era que la paz iba a traer mayores ingresos al país por lo que se destina a la guerra y el aumento de la inversión extranjera? ¿O será que los beneficios de la paz son solo para el bolsillo de los de siempre?

¿Por qué aumentarnos los impuestos a los pobres? ¿Acaso quieren que nosotros costeemos la paz, que tanto le pusimos en vidas y miserias a la guerra? ¿Será que nosotros nos beneficiamos en algo con décadas de guerra, que ahora quieren que les retribuyamos?

¿Dónde está el aumento a los impuestos de aquellos que sí han lucrado históricamente con la guerra, con nuestras necesidades, con nuestra exclusión y nuestra eterna pobreza? No, a ellos no solo no les aumentan los impuestos, sino que los tienen en la mesa negociando el nuevo ‘pacto nacional’, que como siempre, intentará dejarnos afuera del juego. La presión que podamos ejercer movilizados y la firmeza con que puedan sostener las FARC-EP lo ya acordado, determinarán el desenvolvimiento de la actual crisis política.

Todo esto no es nuevo. Lo que necesitemos, deberemos conseguirlo por medio de la organización, la lucha, la movilización permanente, el fortalecimiento del poder popular de las comunidades. En este escenario tenemos varios elementos a nuestro favor: un amplio acumulado histórico, organizativo y de lucha, que debemos saber sintetizar en aprendizajes para lo que se viene (y no continuar cometiendo los mismos errores, casi siempre vinculados a los malditos egos); demostramos en las urnas ampliamente nuestro anhelo de paz; y los Acuerdos de Paz de La Habana.

Entonces la propuesta es: intensificar la socialización de los Acuerdos para que nuestras comunidades se empoderen definitivamente de ellos, es decir, se vuelvan concientes de que esas políticas públicas, esos planes de desarrollo con enfoque territorial y de género, son nuestro fundamento legal y legítimo para exigir resueltamente que queremos ser parte de las decisiones que se toman sobre nuestras vidas y nuestros territorios, que no se puede continuar con la política oligarca de gobernar desobedeciendo al pueblo y arrodillándose ante los grandes capitales por afanes de poder y niveles absurdos de riqueza. Una vez tomemos esa conciencia colectivamente, lo siguiente será inevitablemente el fortalecimiento de nuestras organizaciones: juntas de acción comunal, consejos comunitarios, asociaciones campesinas, cabildos indígenas… Con esta práctica cada vez más profunda y amplia del pensarnos a nosotros mismos en colectivo y decidir por nosotros mismos cómo queremos vivir, el establecimiento la tendrá cada vez más difícil para ponernos la bota encima y arrollarnos con sus locomotoras.

Vayamos pensando también en esos “representantes” que tenemos en la capital; somos responsables de que estén allí haciendo lo que les parezca, según sus intereses mezquinos, usureros, vendepatria. Los votos que se van a los partidos tradicionales por migajas, el nivel tan alto de abstención, la incapacidad demostrada hasta hoy de generar alternativas (¿y si proscribimos las prácticas individualistas en nuestras organizaciones?). Debemos intensificar nuestra participación en las elecciones, desde el construir colectivamente nuestras candidaturas, como desde el nivel de activismo que le pongamos a la tarea de hacer conocer nuestras propuestas, nuestros verdaderos representantes y comprometer cada vez a más pueblo en la lucha tanto en las calles y carreteras como en las urnas, por la construcción de un país distinto, un país para nosotras y nosotros.

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