La actualidad de Colombia, según los medios internacionales

Por: Agencia de Comunicaciones Prensa Alternativa Cauca

7 de octubre de 2016

Miles de colombianas y colombianos viven fuera del país, sea por razones políticas, económicas o académicas, se fueron a buscar las oportunidades ausentes en Colombia a otros países más esperanzadores. Muchos de ellos y ellas, ajenos a la realidad del país, se informan de ésta al igual que el resto de la población del lugar donde se encuentren, tomando como referencia los medios de comunicación hegemónicos. Por tanto, más allá del respaldo que ha recibido el proceso de Paz desde la Organización de Naciones Unidas, la Corte Penal Internacional, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, el Foro de Sao Paulo, el Papa Francisco y hasta la Unión Europea y Estados Unidos, quienes reconocen en el Acuerdo Final entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, el mejor acuerdo resultado de una negociación de este tipo, nos interesa conocer qué están absorbiendo de la manipulación mediática esos miles de compatriotas en el extranjero.

Al realizar un análisis de los artículos publicados por los principales medios gráficos del continente[1] y del mundo a partir del plebiscito del 2 de octubre, nos encontramos con una imagen de Colombia por demás tendenciosa y malintencionada; claro, estos responden a las mismas líneas editoriales del poder hegemónico, redactadas por la idiosincrasia de los grandes capitales mundiales, que coinciden (no por casualidad) con las lecturas liberales y conservadoras que tenemos dentro de la misma prensa colombiana. Es por esto que las matrices de opinión, los discursos, los relatos, se basan en las ya conocidas estigmatizaciones, prejuicios, falacias, sesgos ideológicos, etc.

Sobre la victoria del No en el plebiscito, además de las noticias relativas a declaraciones, reuniones, etc., analizaron los resultados desconociendo la realidad interna del país, de sus territorios y sin haber en su gran mayoría, siquiera ojeado los acuerdos. Es decir, eligieron muy convenientemente y sin cuestionamiento alguno, basarse en los no-argumentos del NO (impunidad, 1.800.000 pesos para los combatientes, advenimiento del castrochavismo, etc.). A partir de allí, hacen alusión a unos acuerdos de paz fallidos y derrotados por “el pueblo colombiano”, que votó NO; un NO que le ganó a todo el aparato electoral del Estado y resultó ser una expresión popular, donde “la humildad le ganó a la arrogancia”. Aseguran que las negociaciones se llevaron a cabo entre el presidente y la “cúpula” de las FARC-EP o directamente Timochenko, con todas las etiquetas que se les adjudican, resaltando como unánime la “pésima imagen” de la insurgencia, según éstos despreciada a nivel nacional, incluso por quienes votaron por él SI, con la única motivación de desaparecerlas del conflicto armado.

Poco dicen estos medios de comunicación de la abstención de más del 63%, evidencia del descreimiento de la población colombiana en el Estado y sus instituciones, ningún análisis parece merecer para estas cadenas de información, un margen a favor del NO de tan solo 53.894 votos, es decir, solo un 0,4% permitió la victoria de un 18,43% del electorado que escogió el NO, como consecuencia de la campaña sucia impulsada por el Centro Democrático y confesada por su gerente de campaña Juan Carlos Vélez, a partir de la manipulación del miedo y la rabia, evitando explicar los acuerdos y dirigiendo los mensajes a la población según su estrato socioeconómico, instalando en una población supremamente despolitizada y falta de educación algunos absurdos como la entrega del país a la guerrilla y el fin de la familia por la “ideología de género”.

Sobre “el gran ganador” del plebiscito, resaltan a Álvaro Uribe Vélez como el líder nacional, expresión genuina del pueblo, “archirival’ del presidente Santos (ahora resulta que la ultraderecha terrateniente es oposición a la derecha neoliberal); ninguna mención se hace jamás a sus vínculos con el paramilitarismo, el narcotráfico, el terrorismo de Estado que llevó adelante durante sus presidencias. En la misma línea y a partir del resultado del plebiscito, halagan que en Colombia existe una “democracia en serio, un ejemplo de participación y libertad de prensa”, que es parte del “avance de la democracia en el continente”, haciendo alusión al golpe de Estado en Brasil, la victoria del neoliberalismo con todos sus retrocesos en Argentina, la maquinaria desestabilizadora de la burguesía nacional e internacional en Venezuela y el revés en el último referendo en Bolivia, entre otros. En síntesis, está claro quién es su referente político en Colombia.

Las movilizaciones populares que se desarrollaron luego del 2 de octubre, convocadas por miles de los 6.377.482 que votaron por el Sí, exigiendo que se respete lo acordado y se comience con la implementación, fueron totalmente tergiversadas. Pocos medios hablaron de ellas, la mayoría de ellos solo lo hizo sobre la inocultablemente masiva marcha del miércoles en Bogotá. Según estos, el reclamo fue “porque se renegocie y se llegue a acuerdos que incluyan a todos”. Claramente se invisibiliza a quienes defendemos en las calles y parques de todo el país, los acuerdos tal como han sido firmados.

Para concluir, la reciente entrega del Premio Nobel de la Paz a Juan Manuel Santos recibió cobertura en todos los medios analizados. En esta, se habla de los “incansables esfuerzos por la paz” que realizó el presidente (nada sobre su pasado guerrerista ni su amenaza de volver a la guerra) y de la “gran admiración” que se le tiene en el extranjero, por sus “principios de paz, democracia y coraje”. Pocos hicieron menciones sobre el mérito de las FARC-EP en esa búsqueda de la Paz, menos aún sobre el esfuerzo y compromiso de las Víctimas y el movimiento social y popular con el Proceso y la ratificación del Acuerdo firmado por las partes, aun cuando han sido los más afectados por la guerra sucia del Estado.

Mantengamos la práctica de leer críticamente tanto la realidad como los medios masivos de comunicación y tomemos conciencia todas y todos de que superar ese monstruo es nuestra responsabilidad, individual y colectiva. Continuemos exigiendo el derecho que tenemos los pueblos a escuchar, ver y leer las distintas miradas que existen de la realidad y, sobre todo, de poder construir esas alternativas desde nuestras propias vivencias y conocimientos, desde nuestros propios barrios y campos.
[1] Medios analizados: El Nacional (Venezuela), El Universal (Venezuela), Clarín (Argentina), La Nación (Argentina), La Jornada (México), El Comercio (Perú), El Mercurio (Chile), The Washington Post (EEUU), The New York Times (EEUU), El Nuevo Herald (EEUU), El País (España) y TheGuardian (Inglaterra).

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